viernes, 3 de junio de 2011
Yo soy
Asiático en Europa
Chicano en San Isidro
Anarquista en España
Palestino en Israel
Indígena en las calles de San Cristóbal
Chavo banda en Neza
Rockero en C.U.
Judío en Alemania Nazi
Ombudsdam en la Sedena
Feminista en los partidos políticos
Comunista en la posguerra fría
Preso en cintalapa
Pacifista en Bosnia
Mapuche en los Andes
Maestro en la CNTE
Guerrillero en el México del fín del siglo XX
Artista sin galería, ni portafolios
Huelguista en la bolsa de Nueva York
Reportero de la nota de relleno de interiores
Machista en el movimiento feminista
Mujer sola en el metro a las 10pm
Jubilado en plantón del zócalo
Campesino sin tierra
Editor marginal
Obrero desempleado
Médico sin plaza
Estudiante inconforme
Disidente en el neoliberalismo
Escritor sin libros ni lectores
Y es seguro
ZAPATISTA EN EL SURESTE MEXICANO
jueves, 2 de junio de 2011
miércoles, 1 de junio de 2011
Apoyo desde Nueva York para la sección 22
The Grassroots Education Movement (GEMnyc) support you in your
struggle. We are composed of teachers from the United Federation of
Teachers in NYC, parents and students who joined together three years
ago to defend public education.
Teachers here in NYC and all over the country are
involved in struggles similar to yours to save our schools from being
privatized
and our unions from being destroyed. We watch and applaud the valiant
actions that the teachers and educational workers of Oaxaca, with the
guidance of Section 22, are engaged in. We can only guess at the effort
if must take to put your bodies on the line and live in the streets night
and day, fighting for what you know is right for your students, parents,
communities and union.
We are with you in spirit and support your vision, goals and commitment
to the communities where you live and work. Please know that your
struggle inspires us and teaches us lessons on building a powerful,
unified movement in order to combat the forces that are trying to end
tenure, increase standardized testing, decrease the unionized workforce
in the schools and destroy public education.
La Lucha Continua!
In solidarity,
Grassroots Education Movement
Saludos a todos los Trabajadores de la Educación y la Sección 22 en Oaxaca, El Movimiento de Educación Popular (GEMnyc) les apoya en su lucha. Estamos compuestos por profesores de la Federación Unida de Maestros en Nueva York (UFTnyc), padres de familia y estudiantes que se unieron hace tres años para defender la educación pública.
Los profesores aquí en Nueva York y en todo el país se han visto involucrados en luchas similares a la suya para salvar a nuestras escuelas de ser privatizadas y a nuestros sindicatos de la destrucción. Observamos y aplaudimos las valientes acciones que los maestros y trabajadores de la educación de Oaxaca, con la orientación de la Sección 22, han comenzado. Sólo podemos imaginar todo el esfuerzo que debe tomar acostarse y vivir en las calles día y noche, luchando por lo que ustedes saben que es correcto para sus estudiantes, los padres, las comunidades y el sindicato.
Estamos con ustedes en espíritu y en apoyo a su visión, sus objetivos y el compromiso con las comunidades donde viven y trabajan. Por favor, sepan que su lucha nos inspira y nos enseña lecciones sobre la construcción de un gran poder, un movimiento unificado con el fin de combatir las fuerzas que están intentando poner fin a las plazas, aumentar las pruebas estandarizadas, disminuir la fuerza de los trabajadores sindicalizados en las escuelas y destruir la educación pública.
¡La Lucha Continua!
En solidaridad,
Grassroots Education Movement
Fuente: http://colectivozape.blogspot.com/
El zapatismo conserva una gran reserva moral (Javier Sicilia)

La tragedia de perder a su hijo Juan Francisco, de 24 años, quien fue asesinado junto a otros seis jóvenes en el estado de Morelos, puso al poeta Javier Sicilia en la posibilidad de visibilizar a las más de 40 mil víctimas “colaterales” de la guerra contra el crimen organizado que libra, sin respaldo, el ejecutivo Felipe Calderón.
En la siguiente entrevista, Sicilia habla de la adhesión del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a la movilización que llegó a la ciudad de México el pasado 8 de mayo. “Hay que llamar a la izquierda a que se deje de pendejadas, a ir a lo sustancial y lo sustancial es la reserva moral, y si hay alguien que ha dado una enorme muestra de esto son los zapatistas”, señala el poeta.
Días antes de que arranque la Caravana Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad, que partirá de la ciudad de Cuernavaca el 4 de junio y arribará a Ciudad Juárez el 10 de junio, donde se firmará el Pacto Ciudadano por la Paz con Justicia y Dignidad, Sicilia se refiere a la importancia de las experiencias de autodefensa y organización indígena, como las que actualmente se llevan a cabo en la comunidad de Cherán, Michoacán; la de Ostula, en el mismo estado y, por supuesto, la de los Caracoles zapatistas.
El articulista de La Jornada y Proceso explica su postura ante el diálogo e interlocución con el gobierno federal. La salida de Calderón, dice, “no resolvería absolutamente nada, las estructuras del Estado están podridas y Calderón es parte de ese pudrimiento”.
A continuación la entrevista completa, realizada por Gloria Muñoz Ramírez:
La reserva moral de los zapatistas
Los primeros que se dieron cuenta de que estábamos en grandes problemas fueron los zapatistas, hace 17 años. Antes de la gran marcha del 8 de mayo pasado, lo primero que me llegó fue una carta muy bella de parte del Subcomandante Marcos y, posteriormente, un mensaje oral de la comunidad zapatista, que me encantó.
Los zapatistas siempre se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo. Ellos fueron los primeros que nos avisaron que si no componíamos este país, si no había un México donde cupiéramos todos, íbamos hacia una desgracia muy grande, y la estamos viviendo 17 años después de que ellos pronunciaron el primer ¡ya basta!
La carta escrita que me enviaron los zapatistas decía lo siguiente: “esto ya rebasa a la izquierda, rebasa a la derecha, es una afrenta a lo humano, es una afrenta a los hombres, mujeres, niños y ancianos de este país”.
La movilización y dignidad zapatista es incuestionable. Nos ha enseñado muchísimo y ahí está nuestro corazón, siempre estará ahí.
El zapatismo conserva una gran reserva moral. La movilización ciudadana en San Cristóbal de las Casas y parte de la Otra Campaña que nos acompañó en la marcha es la muestra del inmenso capital moral, y por eso Chiapas no está como el otro extremo de la República. Si perdemos esa calidad moral nos va a fracturar el gobierno o la propia izquierda.
La izquierda institucional y su aparición en este momento son graves, porque provoca que se pierda toda la sustancia. Nos debemos de apoyar en el dolor de las víctimas, en la dignidad y el amor, y si perdemos esto y ponemos la libertad de las diferencias por encima de esto, viene la fractura. Como siempre digo: “los enemigos de la izquierda son la propia izquierda”, y son sus diferencias las que siempre están por encima de la sustancia. Si la izquierda pudiera recuperar su capital moral y mantener su dignidad moral, todo lo demás se incluye y se transforma.
Nosotros queremos construir una reserva moral, como la gran reserva que tienen los zapatistas. La suma de la dignidad moral que llegó hasta la ciudad de forma civil, es importantísima. Entiendo que el gobierno no quiera visibilizar eso, con el vacío mediático y con el cerco militar. Lo que no entiendo es que también lo haga la izquierda.
Mientras la izquierda siga pensando en procesos ideológicos no va a entender la reserva moral y la significación profunda del zapatismo con respecto a lo que se está generando en el proceso nacional. Hay que llamar a la izquierda a que se deje de pendejadas, a ir a lo sustancial y lo sustancial es la reserva moral, y si hay alguien que ha dado una enorme muestra de esto son los zapatistas.
La carta oral que me enviaron los zapatistas decía que lo que acontece nos rebasa, rebasa a la izquierda y a todos, y que venían porque tenían una deuda moral con nosotros. Yo le diría a la izquierda: ¡Véanlos cabrones, ahí están los zapatistas!
Los pobres, los más agraviados por la violencia
Los sectores más agraviados, como siempre, son los sectores más pobres. A ellos son a los que se pueden criminalizar y borrar fácilmente. Son los que piden justicia y se les niega, e incluso se les insulta; pero también hay otros dolores muy fuertes en la clase empresarial: los empresarios son susceptibles de secuestros, y eso también ha concitado la simpatía y el apoyo -con sus asegunes-, ya que los prejuicios siempre terminan por borrar lo esencial y lo profundo, pero también hemos encontrado a gente muy empática, por ejemplo a Alejandro Martí, un hombre de una gran dignidad moral.
A partir de la movilización se visibilizan los sectores agraviados que han sido negados y criminalizados. Para ellos ha habido una doble o triple muerte: se les mata, se les criminaliza y quedan impunes sus dolores. A los empresarios no se les criminaliza, pero a veces también sus dolores quedan impunes, como el caso de Eduardo Gallo, que tuvo que ir por los delincuentes, ya que la policía simplemente no hacía su trabajo. Él los capturó y los llevó a donde debían estar.
Pienso que la belleza en el dolor y lo terrible del proceso que estamos viviendo, es que los que no tenían rostro, los que se habían presentado hace 17 años con una máscara para simbolizar que no tenían rostro, empiezan a tenerlo; es un rostro sufriente, es un rostro agraviado, un rostro que clama justicia, para dignificarnos y para dignificar este país, porque nuestros muertos son el rostro de nuestra humillación, pero también son el rostro de nuestra dignidad.
El pacto nacional y la interlocución con el gobierno
La discusión sobre un pacto nacional tiene un problema de prejuicio que nace de procesos ideológicos. Así como los empresarios tienen sus prejuicios contra la izquierda, la izquierda tiene sus prejuicios contra los empresarios y contra el gobierno. Razones hay muchas: las traiciones de los pactos por parte del gobierno, por ejemplo, el último de “todos somos Juárez”. Es evidente y comprendo que los juarenses estén muy enojados con la posibilidad de esos diálogos y esas interlocuciones. Hay razones suficientes para esta postura, son razones suficientes pero no necesarias.
Otras veces se entiende el diálogo como pacto, como negociación. Yo creo que si Santiago Creel pasara a la historia, siendo un personaje muy gris, pasaría por esa frase que acuñó y que debería de estar en los diccionarios: el sospechosismo, y ese es el problema, que sospechamos. Cada vez que hay una interlocución con la contraparte, yo, tú, él sospecha, como si el diálogo fuera una negociación a oscuras. Cuando hablo de diálogo no es en el sentido de negociaciones, yo hablo de diálogo en el sentido de decir: “este es nuestro mandato y cómo, frente a las evidencias de tus traiciones, vas a responder al mandato, cómo vas a responder al agravio”.
El presidente tendría que pedir perdón a los familiares de las víctimas en público y a cada una de las personas que estuvieran ahí. En contraparte, nosotros debemos decirle que su ley de seguridad pública no es la ley que queremos los ciudadanos.
Necesitamos saber cómo la vamos a reformar juntos, y llegar y decirles: “es un mandato, no es si les gusta, ustedes están ahí porque nos representan”. Es decir, es cambiar el formato y asegurarse de que se hagan las cosas, ya que siempre se las dejamos y no debe ser así. Si se las dejamos lo van a hacer mal, van a servir a sus intereses.
Debemos construir estructuras de presión. Por eso es muy importante una reforma política, y la revocación de mandato en esa reforma, es decir, crear procesos legales y legítimos, porque si no nos dan la legalidad, que es legítima, nos obligan a la legitimidad, que es la movilización, la resistencia civil. Esto se vuelve legítimo frente a la necedad y frente a la negativa de darnos un marco legal para lo que nos corresponde.
Necesitamos de todos esos interlocutores, no podemos hacerlos menos, como si no existieran. Debemos intentar refundar el Estado para poder ir a otros procesos, ya que el Estado dio de sí.
Me alarman los gritos de “fuera Calderón”, debido a que parece que creemos que todavía estamos en un régimen presidencialista absoluto, y estamos en un proceso con toda la clase política, desde los partidos, pasando por las instancias de los municipios y los gobiernos estatales hasta el federal, en todos sus niveles de gobierno. Los seis puntos que pedimos son para que en todos los lugares se reforme todo. La salida de Calderón no resolvería absolutamente nada, las estructuras del Estado están podridas y Calderón es parte de ese pudrimiento. Viene de un partido con agendas comprometidas, no con la ciudadanía, sino con intereses oscuros, y por eso está acorralado. Un día está en buen plan, y al otro día se pone de necio, hasta creerse Churchill, y eso nos dice que está acorralado.
Para que podamos llegar a otros procesos no podemos dejar de pasar por un Estado de derecho y democrático, ya que si lo dejamos lo que vamos a tener es un Estado policiaco o un Estado militar y no conviene a nadie. Si rescatamos la incipiente democracia, todos los procesos van a poder ser.
Esta movilización se parece a Egipto, ya que la muerte de un joven nombró todos los dolores, todos los muertos y torturados. La muerte de mi hijo nombra a todos los muertos, todos los desaparecidos y toda la inhumanidad y el miedo en el que nos habían sumido. La diferencia es que en Medio Oriente, los gobiernos autoritarios son altamente autoritarios. En cambio, el problema con este país es que sus gobiernos son autoritariamente miméticos; tienen la capacidad de inmovilizar, de aislar, de desvirtuar inmensamente, y esa es muestra de una carencia de consciencia en el orden de lo civil, de lo político.
Los procesos de autodefensa y organización indígena
La forma de hacer comunidad en Cherán, los caracoles zapatistas, y muchos otros ejemplos en el país, es a donde nos queremos dirigir, ya que tienen procesos que se han gestado en México y que son muestra de que se pueden organizar, pero eso no tiene qué decir que debamos perder una interlocución con el Estado.
Cherán, Ostula, los caracoles zapatistas y sus experiencias ocupan un lugar fundamental en nuestra agenda. Necesitamos aprender, esas experiencias son indispensables en las grandes urbes, donde no hay espíritu de comunidad y todo esta individualizado. Necesitamos saber cómo construir entre barrios a través de esas experiencias, que son enseñanzas de pueblo. Es por eso que el Foro Nacional nos puede dejar esas enseñanzas, algo para descubrir. No sólo existe el ejército y la policía, existimos los procesos ciudadanos.
Darle la espalda al gobierno, al monstruo, sin reformarlo puede ser el suicidio, porque el monstruo no tiene la ley, sólo finge que la tiene. Tiene la fuerza y no tiene la razón. Debemos de hacer que la ley esté al servicio de una buena razón, que es la ciudadana. Debemos de sensibilizar a la gente que trabaja para el monstruo, limpiar ese monstruo de gente que no tiene visión ciudadana. Las instituciones están podridas, se necesita reformarlas y si no, iremos a un estado policiaco.
Un mundo donde quepan muchos mundos o un mundo donde quepan todos los mundos…
Muchos mundos, todos los mundos no, porque a veces hay unos hijos de puta que no deberían de estar en el mundo.
La estupidez se puede curar
El poder policial no puede estar en manos del poder político; no es posible que haya un procurador cuyo jefe sea el presidente de la República o, en los estados, el gobernador. Tenemos que hacer procesos en el monstruo, no darle elementos para que nos aíslen, para que su pinche máquina propagandística y de fuerza desarticule la vida social. Debemos de encontrar la forma de decirle al monstruo: ¡Así no cabrón! Mostrar que estamos todos, como procesos ciudadanos morales, y que tienen una deuda moral con nosotros, y que siguen traicionando para destruir nuestros tejidos sociales. Todos los actores están ahí.
Creo en el corazón del hombre. La estupidez humana es un proceso y se puede curar si se oye el corazón. Las revoluciones nos han demostrado que matar a los hombres malos no resuelve el problema, porque la maldad no es un asunto del hombre, es un asunto del equívoco del hombre. Si presionamos podemos transformar esto, mi postura es una posición moral, que se enfrenta a muchas formas de entenderlo y a muchos dolores que no quieren relacionarse con el monstruo y es entendible.
No creo en la pureza de los hombres ni de los movimientos; yo traigo también mis traiciones, mis dolores, mis equívocos, mis culpas, todos cargamos monstruosidades.
Rumbo a Ciudad Juárez
Me gustaría que se llamara la Caravana del consuelo, sobre la ruta del dolor en el horror. Tiene como base el consuelo que nos une; ese abrazarnos, arroparnos en el amor y construir una gran fuerza ciudadana que tiene que rehacer este país y tiene que exigir la restauración, la justicia que se le debe a las víctimas y la justica que se le debe a la nación. Vamos allá para construir un consenso social que nos permita presionar de manera nacional, no por grupos, sino juntando todos los dolores, todos los agravios y rearticular a la nación. Decir fuerte: ¡No estamos solos! Podemos hacerlo, como lo hicieron hace 17 años los zapatistas.
Qué sigue para Sicilia después del 10 de junio
Después del 10 de junio no se qué haré, habrá que esperar, depende de todos. Yo simplemente me declaro como una voz moral que convoca y por la cual hablan muchos dolores y agravios. Voy viviendo día tras día, no sé que pueda pasar mañana.
Mi vida cambió totalmente, dio un giro, pero soy el mismo, sólo un poco más público y con un compromiso moral por mi hijo, que me puso aquí. Mi hijo ha logrado reunir todos los dolores de esta nación.
Sin todos los abrazos, las muestras de afecto, el amor que he recibido, quizás no estaría aquí. Este país me ha abrazado mucho, han hecho mi dolor como suyo, y eso es una hermosa gracia, que no merezco y no merecía, que me ha permitido vivir y asumir con dignidad la muerte de mi hijo y reivindicar su nombre.
El deber sobre el derecho
A veces me gustaría volver a lo que era mi vida, a mis clases, mis talleres de poesía, escribir una novela, volver a la proporción real de mi vida. Pero ahora hay un deber, y antes de los derechos están los deberes. Mi derecho sería volver a mi vida, pero antes de ese derecho esta mi deber con mi hijo y lo que nombró mi hijo, lo que surgió a partir de eso.
Es el tiempo de las comunidades, el tiempo de quitarnos de la cabeza que hay mujeres y hombres providenciales. Poner tantas expectativas en un hombre o una mujer termina por decepcionar, somos humanos, y se construye un imaginario que debemos romper para reconocernos todos con la misma dignidad.
La alegría reúne pero el dolor une
En estos dos últimos meses me he encontrando con la parte más bella de México, la parte agraviada y adolorida… como yo. Esa parte que logró nombrar sus dolores, sus muertos, sus agravios, la situación de inmensa inhumanidad que vivimos y, sobre todo, el amor.
Mi padre me decía: “la alegría reúne pero el dolor une”, y creo que es lo que nos estamos dando y seguiremos dando. Estamos haciéndonos una de las primeras justicias que nos habían arrancado y que nos debíamos. Estar con la soledad de los otros se traduce en una gran comunión que se expresa en una movilización, con los sectores más sensibles.
Creo que lo más hermoso en estos meses es el cómo nos unimos en el dolor, y cómo ese dolor en el silencio se volvió una hermosa comunión que se ha vuelto una gran demanda frente a los agravios de un gobierno que está podrido.
Fuente: http://desinformemonos.org/2011/06/el-zapatismo-conserva-una-gran-reserva-moral-javier-sicilia/
martes, 24 de mayo de 2011
Dread mar i - Me doy cuenta
Ya hace mucho tiempo, QUE ABRIMOS NUESTROS OJOS, miramos hacía el frente y caminamos solos, ya no pedimos nada forjamos el camino, acorde a nuestros sueños y a nuestro destino.
Viva el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, viva la Otra Campaña, Justicia para Atenco, Oaxaca, Juárez.
Textos fundamentales del zapatismo (3): Carta del sup Marcos a Eduardo Galeano (2 de mayo de 1995)

Ejército Zapatista de Liberación Nacional México, 2 de mayo de 1995
A: Eduardo Galeano.
Montevideo, Uruguay.
De: Subcomandante Insurgente Marcos
Montañas del Sureste Mexicano. Chiapas, México.
Señor Galeano:
Le escribo porque… porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Porque sí, pues.
También porque perdí el libro que me regaló y porque ese ratón cambista que suele ser el destino (?) ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte de su libro “Las palabras Andantes“.
Porque dice así:
“¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?”.
(Ventana sobre la palabra (VIII), p.262.)
Y entonces yo me he recostado para pensar y fumar. Es de madrugada y como almohada tengo un fusil (bueno, en realidad no es un fusil, es una carabina que fue de un policía hasta enero de 1994. Antes servía para matar indígenas, ahora sirve para que no los maten). Con las botas puestas y la pistola recostada a un lado, cerca de la mano, pienso y fumo. Afuera, alrededor de humo y pensamientos, mayo se engaña a sí mismo fingiendo que es junio y hay ahora una tormenta de lluvia, rayos y truenos que logró lo que parecía imposible: callar a los grillos.
Pero yo no estoy pensando en la lluvia, no estoy tratando de adivinar cuál de los relámpagos que está por rasguñar la tela de la noche será el de la muerte, ni siquiera me preocupa que el techito de nylon que cubre mi estancia es demasiado pequeño y se moja la orilla del camastro (¡Ah! Porque resulta que me hice una camita de ramas y horcones, amarrados con bejucos. Lo hice porque la uso de escritorio, bodega y, a veces, para dormir. En la hamaca no me acomodo o me acomodo demasiado, me quedo muy dormido y el sueño profundo es un lujo que, acá, se puede pagar muy caro. En la cama de varillas de palo se está lo suficientemente incómodo como para que el sueño sea apenas un pestañazo).
No, no me preocupan ni la noche, ni la lluvia, ni los truenos. Me preocupa eso de “¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?”. El libro me lo mandó la Ana María, una indígena tzotzil que tiene el grado de mayor de infantería en nuestro ejército. Alguien se lo mandó a ella y ella me lo mandó a mí, sin saber que yo perdí un su libro de usted y este libro repone el libro perdido, que no es lo mismo pero tampoco es igual. El libro está lleno de dibujitos en tinta negra y yo creo que así deben ser los libros y las palabras: dibujitos que salen de la cabeza o la boca o las manos y que van y se ponen a bailar en el papel, cada que el libro se abre, y en el corazón cada que el libro se lee. El libro es el regalo más grande que el hombre se ha dado a sí mismo. Pero volvamos a su libro de usted que yo tengo ahora. Lo leí con un cabito de vela que cargaba en la mochila.
El último tramo de pabilo se fue con esa página 262 (¡capicúa!, ¿no? ¿una señal?). Y entonces me recordé la frase aquella de Perón que me mandó y luego mi torpe respuesta y, más después, el libro que me envió. Y aquí la pena de contarle que el libro lo dejé botado en la “graciosa huida” de febrero. Y entonces me llegan este libro y las letras sobre el saber callar. Y yo ya llevo varias noches dándole vueltas al asunto, aun antes de que me llegara el libro. Y me pregunto si no llegó la hora de callar, si no será que ya se pasó el momento y ya no es el lugar, si no es la hora de morir la boca…
Y le escribo esto en una madrugada de mayo, pasado ya el 30 de abril de 1995, que es el día del niño acá en México. Nosotros los niños mexicanos celebramos ese día, las más de las veces, a pesar de los adultos.
Por ejemplo, gracias al supremo gobierno, hoy muchos niños indígenas mexicanos celebran su día en la montaña, lejos de sus casa, en malas condiciones de higiene, sin fiesta y con la pobreza más grande: la de no tener un lugar donde recostar el hambre y la esperanza.
El supremo gobierno dice que no ha expulsado a estos niños de sus hogares, sólo ha metido a miles de soldados en sus terrenos. Con los soldados llegaron el trago, la prostitución, el robo, las torturas, los hostigamientos. Dice el supremo gobierno que los soldados vienen a “defender la soberanía nacional”.
Los soldados del gobierno “defienden” a México de los mexicanos. Estos niños no han sido expulsados, dice el gobierno, y no tienen por qué sentirse espantados de tantos tanques de guerra, cañones, helicópteros, aviones y miles de soldados.
Tampoco tienen por qué asustarse, aunque esos soldados traigan órdenes de detener y matar a los papás de estos niños. No, estos niños no han sido expulsados de sus casa. Comparten el piso irregular de la montaña por el gusto de estar cerca de sus raíces, comparten la sarna y la desnutrición por el simple placer de rascarse y por lucir una figura esbelta.
Los hijos de los dueños del gobierno pasan su día en fiestas y regalos.
Los hijos de los zapatistas, dueños de nada como no sea su dignidad, pasan su día jugando a que son soldados que recuperan las tierras que les quitó el gobierno, juegan a que siembran la milpa, a que van por leña, a que se enferman y nadie los cura, a que tienen hambre y, en lugar de comida, se llenan la boca de canciones.
Por ejemplo, esa canción, que les gusta cantar en la noche, cuando más cerradas son la lluvia y la niebla, y que dice, más o menos así:
“Ya se mira el horizonte,
combatiente zapatista,
el camino marcará
a los que vienen atrás”
Y, por ejemplo, en el horizonte aparece, marcando el paso, el Heriberto. Y atrás del Heriberto, por ejemplo, va el hijito del Oscar que lo llaman Osmar.
Y van, los dos, armados de sus dos varitas que pasaron a llevar de un acahual cercano (“No son varitas”, dice el Heriberto y asegura que se trata de poderosas armas que son capaces de destruir un nido de hormigas arrieras que está cerca del arroyo y que le picaron al Heriberto y hubo de tomar represalias).
Avanzan el Heriberto y el Osmar en columna. Y por el frente opuesto avanza la Eva, armada de un palo que tiene la ventaja de convertirse en muñeca cuando el ambiente es menos bélico.
Y detrás de la Eva viene la Chelita, que levanta sus casi dos años apenas unos centímetros del suelo y que tiene unos ojos de venado lampareado que ya desvelarán, alguna noche, al tal Heriberto o al que se deje herir por destello tan moreno. Y atrás de la Chelita va un chuchito (perrito) que de puro flaco parece una marimba diminuta.
Y a mí todo esto me lo están contando, pero como si lo estuviera viendo al Wellington frente a Napoleón en esa película que se llamó “Waterloo” y, creo, salía el Orson Wells y al Napoleón lo derrotaban por culpa de un dolor de panza.
Pero aquí no hay Orson que valga, ni flanqueos de infantería, ni apoyo de artillería, ni defensa en cuadro contra las cargas de los de a caballo, porque tanto el Heriberto como la Eva han decidido optar por el ataque frontal y sin escaramuzas ni tanteos previos.
Yo estoy a punto de opinar que eso parece batalla de sexos, pero ya se está lanzando el Heriberto sobre la Chelita, evitando la carga directa de la Eva que se ve, de pronto, frente a un Osmar que no la espera cara a cara,, ni de pie sino que está de lado y en cuclillas porque ahí no más le dieron ganas de cagar y la Eva proclama que el Osmar se cagó de miedo y el Osmar no dice nada porque ahora quiere montar el chuchito se le acercó a oler, y en el entretanto la Chelita se puso a llorar cuando vio venir al Heriberto y el Heriberto ahora no sabe qué hacer para que se calle la Chelita y le ofrece una piedrita de regalo (“Acaso es piedrita”, dice el Heriberto que asegura que se trata de oro puro) y la Chelita nada que para su chilladera y yo estoy pensando que hasta que le dieron una sopa de su propio chocolate al Heriberto cuando llega la Eva, en maniobra que llaman de “voltear la posición enemiga”, y le cae el Heriberto por la espalda (cuando Heriberto ya le está ofreciendo su arma antihormiga-arriera a la Chelita, la cual está considerando la oferta, entre chillido y chillido), y entonces, ¡pácatelas!, la muñeca-arma de la Eva llega en su cabeza del Heriberto y empieza la chilladera, (estereofónica, porque la Chelita se siente estimulada por los gritos del Heriberto y no se quiere quedar atrás), y hay sangre y ya viene la mamá de no sé quien, pero trae un cinturón en la mano y los dos ejércitos se desbandan y el campo de batalla queda desierto y en la enfermería declaran que el Heriberto tiene un chipote del tamaño de su nariz y que, como la Eva está intacta, ganaron la mujeres en esta batalla.
El Heriberto se queja de arbitraje parcial y prepara el contra-ataque pero no será hasta mañana porque ahorita hay que comer los frijoles que no llenan ni el plato ni la panza…
Y así pasaron el día del niño, dicen, los niños de un poblado que se llama Guadalupe Tepeyac. En la montaña lo pasaron, porque en su pueblo hay varios miles de soldados defendiendo “la soberanía nacional”. Y dice el Heriberto que, cuando sea grande, va a ser chofer de un camioncito y piloto de avión no quiere ser porque, dice, si se le poncha la llanta del carrito, ahí nomás te bajas y te vas caminando, en cambio si se le poncha la llanta al avión no hay para donde hacerse.
Y yo me digo que cuando sea grande voy a ser uruguayo-argentino y escritor, en ese orden, y no crea usted que será fácil porque lo que es el mate, no lo puedo tragar.
Pero no era esto lo que yo quería contarle. Lo que yo quería era contarle un cuento para que usted lo cuente:
Me enseñó el Viejo Antonio que uno es tan grande como el enemigo que escoge para luchar, y que uno es tan pequeño como grande el miedo que se tenga. “Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño”, me dijo el Viejo Antonio una tarde de mayo y lluvia, en esa hora en que reinan el tabaco y la palabra.
El gobierno le teme al pueblo de México, por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.
Cuéntelo usted en algún escrito. Ponga que se lo contó el Viejo Antonio. Todos hemos tenido, alguna vez, un Viejo Antonio. Pero si usted no lo tuvo, yo le presto el mío por esta vez.
Cuente usted que los indígenas de sureste mexicano achican su miedo para hacerse grandes, y escogen enemigos descomunales para obligarse a crecer y ser mejores.
Esa es la idea, estoy seguro que usted encontrará mejores palabras para contarlo. Escoja usted una noche de lluvia, relámpagos y viento. Verá cómo el cuento sale así nomás, como un dibujito que se pone a bailar y a dar calor a los corazones que para eso son los bailes y los corazones.
Vale. Salud y un muñequito sonriente, como ésos con los que firma.
Desde las montañas del Sureste Mexicano. Subcomandante Insurgente Marcos
P.D. de advertencia policiaca. Es mi deber informarle que soy, para el supremo gobierno de México, un delincuente. Por lo tanto mi correspondencia puede ser implicatoria.
Le ruego que se grabe usted el contenido de la presente, es decir, la encomienda que suplica, y destrúyala inmediatamente. Si el papel fuera de chicle, le recomendaría que lo comiera y, masticando, se pusiera a hacer esas bombitas de chicle que tanto escandalizan a las buenas conciencias, y que demuestran la falta de urbanidad y educación de quien las hace.
Aunque hay algunos que las hacen con la esperanza de que una de las bombitas sea lo suficientemente grande como para llevarlo a uno de esa ruta luminosa que, allá arriba, se alarga… como se alargan el dolor y la esperanza sobre el cielo de nuestra América.
P.D. improbable. Salude usted de mi parte, si lo ve, al tal Benedetti. Dígale usted, por favor, que sus letras, puestas por mi boca en el oído de una mujer, arrancaron alguna vez un suspiro como esos que echan a andar a la humanidad entera.
Dígale también, que quién quita y lo de “Marcos” fue por “el cumpleaños de Juan Ángel”.
Esta Usted en Territorio Zapatista
Anuncio que se ve en las entradas de los diferentes caracoles en la sierra de chiapas